Una boca sana a cada edad: preguntas y cuidados que previenen enfermedades
La salud oral no es igual en todas las etapas de la vida. Los cuidados que necesita un niño de cinco años son distintos a los que requiere un adolescente, un adulto en plena vida laboral o una persona mayor. Por eso, a continuación tendrás recomendaciones prácticas según cada grupo etáreo, con énfasis en el autocuidado diario y en la importancia de consultar oportunamente ante cualquier hallazgo, incluidos los signos tempranos del cáncer oral.
Cuidados según cada etapa de la vida
Primera infancia y niñez (0 a 11 años)
Los hábitos que se forman en los primeros años acompañan a la persona toda la vida. La higiene bucal debe iniciar desde la aparición del primer diente, y los padres o cuidadores son responsables de guiar el cepillado hasta que el niño desarrolla la destreza para hacerlo solo, generalmente hacia los siete u ocho años.
- Cepillar los dientes al menos dos veces al día con pasta fluorada, en cantidad adecuada para la edad.
- Limitar el consumo frecuente de azúcares y bebidas azucaradas entre comidas (azúcares refinados).
- Acudir a la primera consulta odontológica antes del primer año de vida.
- Vigilar la aparición de caries, ya que en esta etapa avanza con rapidez si no se trata.
Adolescencia (12 a 19 años)
En esta etapa aparecen nuevos retos: el recambio dental ya está completo, pero se suman hábitos alimentarios menos controlados, el uso de aparatos de ortodoncia y, en algunos casos, el inicio del consumo de tabaco o alcohol, factores que años después incrementarán el riesgo de enfermedades bucales más serias.
- Reforzar la técnica de cepillado y el uso diario de seda dental, sobre todo con ortodoncia.
- Evitar el inicio del consumo de tabaco y alcohol, principales factores de riesgo para el cáncer oral en la vida adulta.
- Consultar al odontólogo ante sangrado de encías persistente, que no debe considerarse normal.
Adultez (20 a 59 años)
Es la etapa donde suelen aparecer las enfermedades periodontales, el desgaste dental y las primeras lesiones asociadas a factores de riesgo acumulados durante años, como el tabaquismo, el consumo de alcohol y algunas enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas la diabetes, que también afecta la salud de las encías.
- Mantener revisiones odontológicas al menos una vez al año, aunque no exista dolor.
- Controlar enfermedades como la diabetes y la hipertensión, que impactan directamente la salud bucal.
- Reducir o eliminar el consumo de tabaco y alcohol, y prestar atención a cualquier lesión que no cicatrice.
- En el caso de las mujeres gestantes, cuidar especialmente las encías, pues los cambios hormonales del embarazo aumentan el riesgo de gingivitis.
Adultez mayor (60 años en adelante)
En las personas mayores confluyen varios factores de riesgo: años de exposición acumulada al tabaco y al alcohol, disminución de la producción de saliva, uso de múltiples medicamentos, prótesis dentales que pueden no ajustar bien y, en muchos casos, dificultades para acceder a la atención odontológica.
- Revisar el ajuste de las prótesis dentales y su higiene diaria, tan importante como la de los dientes naturales.
- Consultar ante la sequedad bucal persistente (xerostomía), que facilita la aparición de caries e infecciones.
- Realizar un examen minucioso de labios, lengua, encías y mucosa bucal en cada visita, dado que el riesgo de cáncer oral aumenta notablemente después de los cincuenta años.
El cáncer oral: por qué la prevención y la consulta oportuna salvan vidas
El cáncer oral suele presentarse de forma silenciosa en sus primeras etapas, lo que retrasa el diagnóstico y reduce las posibilidades de un tratamiento exitoso. La evidencia científica coincide en que el pronóstico depende, en gran medida, del momento en que se detecta la lesión: mientras más temprano se identifique, mayores son las probabilidades de curación.
Entre los factores de riesgo más estudiados se encuentran el consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol —especialmente cuando ambos se combinan— y la infección por el virus del papiloma humano (VPH). También se ha señalado la exposición solar prolongada como un riesgo particular para el cáncer de labio.
Existen señales de alerta que la comunidad puede aprender a reconocer, sin que esto reemplace la valoración profesional:
- Manchas blancas o rojas en la boca que no desaparecen después de dos semanas.
- Llagas o úlceras que no cicatrizan en ese mismo periodo.
- Dificultad o dolor persistente al masticar, tragar o mover la lengua.
- Un bulto, engrosamiento o adormecimiento en la boca, el cuello o los labios.
- Cambios en la voz o dolor de oído que no se explican por otra causa.
Ante cualquiera de estas señales, la recomendación es clara: acudir al odontólogo o al médico sin dilación. La revisión bucal de rutina, incluso sin síntomas, es una oportunidad valiosa para la detección temprana, ya que muchas veces es el profesional de salud oral quien identifica la primera señal de alarma.
El autocuidado: la primera línea de defensa
Ningún tratamiento reemplaza lo que cada persona puede hacer por sí misma todos los días. El autocuidado en salud oral no se limita al cepillado; es una actitud de atención constante hacia el propio cuerpo.
- Cepillarse los dientes al menos dos veces al día y usar seda dental o cepillos interdentales.
- Reducir el consumo de azúcares y alimentos ultraprocesados.
- Evitar el tabaco en cualquiera de sus formas y moderar el consumo de alcohol.
- Observar la propia boca con regularidad: color, textura, presencia de heridas o manchas.
- No posponer la consulta profesional ante cualquier cambio que se sostenga por más de dos semanas.
El autocuidado y la consulta oportuna no son ideas opuestas, sino complementarias: cuidarse a diario disminuye el riesgo de enfermar, y consultar a tiempo permite que, si algo ya está ocurriendo, se intervenga cuando todavía es posible resolverlo con éxito.
Una tarea de toda la comunidad
Sensibilizar a la comunidad sobre el cuidado de la salud oral, según cada etapa de la vida, es una tarea que compete a las familias, a las instituciones educativas, a los equipos de salud y a cada persona individualmente. Reconocer los cuidados propios de cada edad, sostener hábitos saludables y no postergar la consulta ante un hallazgo son, en conjunto, la estrategia más eficaz para prevenir enfermedades bucales y, en particular, para enfrentar el cáncer oral con la mayor probabilidad de éxito.
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